Dependiendo de las circunstancias, incluso de desvalorización. Siendo la comparación con la otra o el otro uno de los aspectos que más se manifiesta. ¿qué tiene ella? ¿Es más joven, más atractiva(o), más inteligente, autosuficiente? ¿Tiene más recursos que ofrecerle?

Si estas son las preguntas que aparecen, la persona queda situada en una especie de espejo, de imagen con la que se contrasta a modo de rivalidad imaginaria, y en tanto esta otra persona se convierte en el nuevo objeto de amor y deseo de su expareja, tiende a producirse una comparación que deja a la propia imagen afectada, con una especie de fisura que se asocia a una pérdida de autoestima y autoconfianza.

Sin embargo, es importante lograr reorientar la pregunta. Evitar situarse en el espejo que nos compara con el otro o la otra, es decir, retirar la mirada de la pareja que se ha ido y, en especial, de la persona que ahora le acompaña, para redirigirla sobre sí misma, con el propósito de afianzar los aspectos que se encuentran frágiles, y devolverse una mirada de reconocimiento.

“El camino, suele ser complejo. Se atraviesan diversas etapas, pero debe encaminarse a que sea el propio mundo el que retome un nuevo enfoque, y con este, la imagen que devuelva el espejo se encuentre dotada de atributos. Esto constituirá la posibilidad de reencontrase consigo mismo”. 

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